Publicada en 1912, esta novela sobre el amor tumultuoso y la traición sexual desafiaba las convenciones sociales de la época, y ha mantenido su vigencia hoy en día gracias a la minuciosa disección que hace Edith Wharton de las oscuras profundidades del alma humana.
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Sinopsis
Anna Leath, una viuda adinerada que vive con su hija y su hijastro en un castillo francés, pospone una cita con George Darrow, un diplomático norteamericano con quien estuvo a punto de casarse unos años antes. Despechado, él intenta olvidarla sin éxito en los brazos de una joven. Cuando, finalmente, acude al castillo donde le espera su antiguo amor, se encuentra con que la nueva niñera es, justamente, aquella joven con quien tuvo una aventura pasajera.
Publicada en 1912, esta novela sobre el amor tumultuoso y la traición sexual desafiaba las convenciones sociales de la época, y ha mantenido su vigencia hoy en día gracias a la minuciosa disección que hace Edith Wharton de las oscuras profundidades del alma humana.
Colección
Alianza Literaturas
Código 3472908
I.S.B.N. 978-84-1148-991-1
Publicación 08/05/2025
Clasificación IBIC FC
Formato Papel
Páginas 328
Colección
Alianza Literaturas
Código 3472909
I.S.B.N. 978-84-1148-992-8
Publicación 08/05/2025
Clasificación IBIC FC
Formato ePub
Autor
Edith Wharton
Edith Wharton (1862-1937) fue una de las autoras más representativas de la narrativa estadounidense del cambio de siglo y, en particular, una de las primeras escritoras en alcanzar verdadero reconocimiento y éxito literario. De hecho, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer. Fue la gran cronista de un mundo en desaparición: el de las antiguas jerarquías neoyorquinas, que empezaban a tambalearse ante la irrupción de los nuevos ricos procedentes de la banca y la industria. Su obra cuestionó el papel al que se relegaba a la mujer en la sociedad de su tiempo y contribuyó a elevar el espacio doméstico a la categoría de territorio intelectual. Rodeada de sus perros Pomerania, que solían acurrucarse a su lado, escribía a menudo desde la cama. Decía que así podía prescindir del corsé, una libertad física que, según ella, también liberaba sus pensamientos.